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👉 Fuente: El País
El uso de dispositivos de rastreo en la infancia y la adolescencia puede limitar la autonomía, la capacidad de improvisar y el aprendizaje a partir del error, según advierten expertos en educación y desarrollo infantil. La preocupación crece ante la normalización del control permanente como forma de protección.
Cuando la seguridad se convierte en vigilancia
Relojes inteligentes con GPS, aplicaciones de localización en tiempo real o sistemas que alertan de cada movimiento se han incorporado de forma progresiva a la vida cotidiana de muchas familias. Aunque su uso suele justificarse como una medida de seguridad, especialistas en infancia alertan de que el rastreo constante puede tener efectos no deseados en el desarrollo emocional y social de niños y adolescentes.
El control permanente reduce los márgenes de exploración, limita la toma de decisiones propias y dificulta experiencias clave para el aprendizaje, como equivocarse, negociar límites o resolver pequeños conflictos sin intervención adulta inmediata.
Autonomía, error y aprendizaje
La literatura pedagógica y psicológica coincide en que la autonomía no aparece de forma espontánea, sino que se construye gradualmente. Para ello, niños y adolescentes necesitan espacios de confianza donde puedan asumir riesgos proporcionales a su edad.
Cuando cada desplazamiento está monitorizado, se transmite un mensaje implícito de desconfianza que puede afectar a la autoestima y a la percepción de competencia personal. Además, se reduce la posibilidad de desarrollar habilidades como la autorregulación, la responsabilidad o la gestión de la incertidumbre.
Adolescencia y construcción de la identidad
En la adolescencia, esta cuestión adquiere especial relevancia. Es una etapa en la que la búsqueda de identidad, la independencia progresiva y la necesidad de intimidad forman parte del desarrollo saludable. El uso intensivo de dispositivos de rastreo puede interferir en este proceso y generar tensiones en la relación familiar.
Diversos expertos subrayan que la protección no debería basarse únicamente en la tecnología, sino en el acompañamiento, el diálogo y el establecimiento de acuerdos claros y revisables.
Un debate abierto para familias y escuelas
El debate sobre los límites del control digital se enmarca en una reflexión más amplia sobre la crianza en contextos hiperconectados. Organismos internacionales y profesionales de la educación insisten en la necesidad de equilibrar seguridad y autonomía, evitando soluciones basadas exclusivamente en la vigilancia.
La clave, señalan, está en educar para la autonomía y la responsabilidad, no en sustituirlas por sistemas de control permanente.
