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Un programa comunitario en el norte de Australia ha logrado reducir de forma significativa los nacimientos prematuros gracias a un modelo de atención continua liderado por parteras y adaptado culturalmente, poniendo el foco en la salud materna y en la reducción de desigualdades desde el embarazo.
Un problema de salud pública con fuerte impacto social
El parto prematuro es una de las principales causas de mortalidad infantil y de complicaciones de salud a largo plazo. En Australia, el riesgo es especialmente alto en comunidades indígenas y en zonas remotas, donde confluyen factores como menor acceso a servicios sanitarios, desigualdades socioeconómicas y barreras culturales en la atención médica.
Durante años, estos territorios han registrado tasas de prematuridad muy superiores a la media nacional, con consecuencias directas en el desarrollo infantil, el bienestar familiar y la presión sobre los sistemas de salud.
Un cambio de enfoque: continuidad, cercanía y cultura
La iniciativa puesta en marcha en el norte del país rompe con el modelo fragmentado tradicional. Su eje central es la atención continuada por la misma partera o pequeño equipo de parteras, desde el embarazo hasta el posparto, creando un vínculo de confianza con la madre y su familia.
A este enfoque se suma un componente clave: el apoyo cultural, especialmente en comunidades aborígenes. El programa integra mediadores culturales, respeta prácticas locales y adapta la comunicación sanitaria para que las mujeres se sientan escuchadas y comprendidas, no juzgadas ni medicalizadas en exceso.
Los resultados muestran una reducción sustancial de los nacimientos prematuros, con miles de partos adelantados evitados en los últimos años, además de mejoras en el seguimiento del embarazo y en la experiencia materna.
Por qué funciona este modelo
Los especialistas señalan varios factores que explican el impacto positivo del programa:
- Seguimiento precoz y constante del embarazo, que permite detectar riesgos antes.
- Mayor adherencia a controles y recomendaciones sanitarias.
- Reducción del estrés materno, asociado a mejores resultados perinatales.
- Atención más humana y personalizada, clave en contextos de vulnerabilidad.
- Integración de salud física, mental y social en un mismo itinerario asistencial.
Desde la perspectiva del desarrollo infantil, prevenir la prematuridad supone mejores oportunidades desde el nacimiento, menos ingresos hospitalarios prolongados y menor riesgo de dificultades neurológicas, respiratorias o educativas a largo plazo.
Lecciones para otros países y sistemas de salud
El caso australiano refuerza una idea cada vez más respaldada por la evidencia: invertir en cuidados comunitarios y continuos durante el embarazo es una estrategia eficaz y coste-efectiva. No se trata solo de tecnología médica, sino de organización, equidad y relación con las familias.
Para otros sistemas públicos, este modelo abre líneas claras de actuación:
- Reforzar el papel de la matronería como figura central del embarazo.
- Diseñar servicios sensibles a la diversidad cultural y social.
- Priorizar la prevención temprana frente a la atención reactiva.
- Entender la salud materna como base del desarrollo infantil y la conciliación futura.
Reducir los nacimientos prematuros no solo salva vidas: reduce desigualdades desde el inicio de la vida y mejora el bienestar de madres, bebés y comunidades enteras.
Recursos complementarios
- Maternity care for First Nations people, Australian Institute of Health and Welfare (AIHW).
- Aboriginal and Torres Strait Islander mothers and babies, Australian Institute of Health and Welfare (AIHW).
- Safer birthing for First Nations families: Case Study, National Health and Medical Research Council (NHMRC).
