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👉 Fuente: The Guardian
Cada vez menos niños y adolescentes leen por placer, una tendencia sostenida que preocupa a educadores y familias por su impacto directo en el desarrollo educativo, emocional y social durante la infancia.
Durante los últimos años, diversos estudios y análisis educativos han constatado una disminución progresiva del hábito lector entre niños y adolescentes, especialmente a partir de la educación primaria. En los últimos días, este fenómeno ha vuelto al centro del debate público tras nuevos datos que confirman que leer por placer ya no forma parte de la rutina cotidiana de una parte significativa de la infancia.
La lectura, tradicionalmente asociada al aprendizaje, la imaginación y el pensamiento crítico, está perdiendo espacio frente a otras formas de consumo de contenidos, más inmediatas y visuales. El cambio no es repentino, sino acumulativo, y refleja transformaciones profundas en los entornos familiares, educativos y digitales.
Qué indican los datos sobre lectura infantil
Los informes recientes muestran que solo una minoría de niños mantiene el hábito lector de forma regular fuera del ámbito escolar. A medida que aumenta la edad, la lectura recreativa desciende de manera notable, especialmente en la adolescencia temprana.
Entre los factores más señalados se encuentran:
- El aumento del tiempo de exposición a pantallas desde edades tempranas.
- La asociación de la lectura únicamente con tareas escolares y evaluación.
- La falta de tiempo compartido en familia dedicado a la lectura.
- La desigualdad en el acceso a libros y bibliotecas según el contexto socioeconómico.
Este descenso no implica que los niños no lean nunca, sino que la lectura deja de ser una actividad elegida, lo que reduce su impacto positivo en el desarrollo.
Consecuencias educativas y emocionales
Desde el ámbito educativo, la caída del hábito lector preocupa porque la lectura sostenida está directamente relacionada con:
- La comprensión lectora y el rendimiento académico.
- El desarrollo del vocabulario y la expresión oral.
- La capacidad de atención y concentración prolongada.
- La regulación emocional y la empatía.
Cuando leer deja de ser habitual, las dificultades no aparecen de inmediato, pero se manifiestan progresivamente en el aprendizaje, especialmente en materias que requieren comprensión profunda y pensamiento crítico.
El papel del entorno familiar y escolar
Los expertos coinciden en que la lectura no se consolida únicamente en el aula. El entorno familiar desempeña un papel clave, no tanto desde la exigencia, sino desde el ejemplo y la disponibilidad.
Algunas prácticas que se consideran protectoras del hábito lector son:
- Compartir lecturas sin objetivos académicos.
- Permitir que los niños elijan qué leer según sus intereses.
- Integrar libros en la vida cotidiana, no solo como recurso escolar.
- Valorar la lectura como espacio de vínculo, no de corrección.
Desde la escuela, se subraya la importancia de no reducir la lectura a una obligación, sino de trabajarla como experiencia cultural y emocional.
Políticas públicas y acceso a la lectura
El debate actual también señala la necesidad de reforzar políticas públicas que faciliten el acceso a los libros, especialmente en contextos vulnerables. Bibliotecas escolares, programas de préstamo y campañas de fomento lector se consideran herramientas clave para reducir desigualdades.
Garantizar el acceso a la lectura no es solo una cuestión cultural, sino una medida de equidad educativa, con impacto directo en el desarrollo infantil a medio y largo plazo.
Recursos complementarios
- Every Child Ready to Read, Public Library Association y Association for Library Service to Children.
- Read Together to Support Early Literacy (https://www.naeyc.org/our-work/families/read-together-support-early-literacy), National Association for the Education of Young Children.
