Índice del artículo
👉 Fuente: EurekAlert
Una investigación reciente sugiere que el riesgo de desarrollar TDAH no depende solo de factores genéticos, sino también de cómo interactúan la estimulación temprana y el ambiente del hogar con el temperamento del niño desde los primeros años de vida.
La idea de que el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) está determinado únicamente desde el nacimiento empieza a quedarse corta. Un estudio presentado recientemente por un equipo internacional de investigadores pone el foco en la interacción entre la sensibilidad individual del niño y su entorno temprano, especialmente durante los primeros años de vida.
El trabajo analiza cómo ciertos rasgos de temperamento -como una mayor reactividad emocional o dificultad para regular la atención- pueden verse amplificados o atenuados en función del ambiente en el que crece el menor. No se trata de “causas directas”, sino de un proceso dinámico en el que biología y experiencia se influyen mutuamente.
El papel del entorno en los primeros años
Según los investigadores, los niños con una mayor sensibilidad al entorno no están necesariamente en desventaja. De hecho, pueden beneficiarse especialmente de contextos familiares estables, predecibles y emocionalmente seguros. En estos casos, los mismos rasgos que en otros contextos se asocian a riesgo pueden transformarse en fortalezas, como una mayor curiosidad o capacidad de aprendizaje.
Por el contrario, ambientes marcados por altos niveles de estrés, estimulación desorganizada o falta de rutinas claras podrían dificultar la autorregulación en niños especialmente sensibles, aumentando la probabilidad de manifestar conductas relacionadas con el TDAH a lo largo del desarrollo.
Qué aporta este enfoque a familias y educadores
Este nuevo marco de comprensión tiene implicaciones importantes para la crianza y la educación infantil. Aleja la mirada del diagnóstico como algo fijo e inamovible y refuerza la idea de que las experiencias tempranas importan, y mucho.
Entre las claves prácticas que se desprenden del estudio destacan:
- Crear entornos predecibles, con rutinas claras y consistentes.
- Reducir la sobreestimulación, especialmente en niños muy reactivos.
- Acompañar la regulación emocional con presencia adulta y calma.
- Observar el temperamento del niño sin etiquetarlo, adaptando las expectativas.
- Priorizar el vínculo y la seguridad emocional frente al rendimiento.
Estas estrategias no sustituyen la evaluación clínica cuando es necesaria, pero sí pueden actuar como factores protectores en etapas clave del desarrollo.
Una mirada más amplia sobre el TDAH
El estudio se suma a una corriente creciente de investigación que entiende el TDAH como un fenómeno complejo, influido por múltiples factores. Desde esta perspectiva, la prevención y el acompañamiento temprano cobran un papel central, no para “evitar” diagnósticos, sino para favorecer trayectorias de desarrollo más ajustadas a las necesidades de cada niño.
Para las familias, este enfoque puede resultar especialmente tranquilizador: no todo está escrito desde el nacimiento y el entorno cotidiano -el hogar, la escuela infantil, las relaciones- tiene un impacto real en cómo se desarrollan la atención, la conducta y la regulación emocional.
Recursos complementarios
- Neonatal Surgency Moderates the Association Between the Home Environment and Executive Functions in Children With a Family History of ADHD, Infant and Child Development.
- Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), Centers for Disease Control and Prevention.
- Maternal Parenting and Toddler Temperament: Predictors of Early School Age ADHD-Related Behaviors, PubMed.
- Mother’s and children’s ADHD genetic risk, household chaos and children’s ADHD symptoms, PubMed.
