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👉 Fuente: The Straits Times
Un estudio científico longitudinal indica que los niños expuestos a pantallas antes de los dos años muestran cambios en el desarrollo cerebral que se asocian con una toma de decisiones más lenta y mayores niveles de ansiedad en la adolescencia, lo que plantea nuevas interrogantes sobre los efectos a largo plazo del uso temprano de dispositivos digitales en la infancia.
Un estudio que sigue a los niños durante más de una década
Investigadores de la Agencia para la Ciencia, la Tecnología y la Investigación de Singapur (A*STAR) analizaron datos de un grupo de niños desde la infancia hasta la adolescencia. Los resultados muestran que aquellos expuestos a más tiempo de pantalla antes de los dos años presentaron una especialización prematura de redes cerebrales implicadas en el procesamiento visual y el control cognitivo. Esto puede parecer una “maduración acelerada”, pero está asociada a menor flexibilidad cognitiva y a una toma de decisiones más lenta a los 8–9 años.
Además, a los 13 años, estos mismos niños reportaron niveles más altos de ansiedad, sugiriendo que esta trayectoria de desarrollo tiene repercusiones que se extienden más allá de la primera infancia.
El estudio, publicado en la revista eBioMedicine, tiene un diseño longitudinal y se basa en imágenes cerebrales en distintos momentos del desarrollo y evaluaciones de comportamiento a lo largo de más de diez años.
¿Por qué podrían ocurrir estos efectos?
Los autores del estudio explican que la exposición intensa a pantallas en edades tempranas puede proporcionar una estimulación sensorial muy rápida antes de que el cerebro haya desarrollado las conexiones eficientes necesarias para funciones más complejas. Esto puede llevar a que ciertas redes cerebrales se especialicen de forma prematura y con menos flexibilidad, especialmente en aquellas relacionadas con la visión y el control cognitivo.
Este patrón puede limitar la capacilidad de adaptación cognitiva y socioconductual con el tiempo, contribuyendo a que los niños tarden más en tomar decisiones en tareas cognitivas complejas y presenten más síntomas de ansiedad en la adolescencia.
Considerar la edad como un factor sensible
Un hallazgo interesante del estudio es que estos efectos no se observaron con la misma fuerza cuando el tiempo de pantalla se midió a edades más avanzadas, como los tres o cuatro años. Esto refuerza la idea de que el periodo antes de los dos años es especialmente sensible para el desarrollo del cerebro y que la exposición digital intensa en este periodo puede tener efectos duraderos.
Asimismo, investigaciones complementarias señalan que actividades compartidas con los padres, como la lectura conjunta, pueden atenuar algunos de los efectos negativos en las áreas cerebrales vinculadas con la regulación emocional.
Impacto en crianza, salud mental y desarrollo
La noticia tiene varias implicaciones prácticas para familias y educadores:
- La primera infancia (0-2 años) es un periodo crucial para el desarrollo neurológico y socioemocional.
- La exposición a pantallas durante este periodo debe considerarse con cautela y límites claros.
- Actividades como leer, interactuar y jugar sin pantallas pueden favorecer caminos de desarrollo más equilibrados.
- La ansiedad y la toma de decisiones son componentes del bienestar psicológico que pueden verse moldeados por experiencias tempranas, no solo por la genética o el ambiente social.
Pediatras y expertos en desarrollo infantil suelen recomendar que el tiempo de pantalla en menores de dos años sea mínimo o nulo, centrando las experiencias tempranas en interacciones humanas significativas.
Recursos complementarios
- Early Screen Time Linked to Long-Term Brain Changes, Teen Anxiety, Neuroscience News.
