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El primer año de vida es una etapa de cambios vertiginosos: cada pocas semanas el peque adquiere nuevas habilidades motoras, sensoriales, comunicativas y sociales que marcan su desarrollo. Aunque cada niño sigue su propio ritmo, existe un conjunto de hitos evolutivoos el bebé que suelen aparecer dentro de un rango relativamente predecible y que nos ayudan a comprender cómo va madurando su sistema nervioso.
Conocer estos hitos no tiene como objetivo examinar al bebé ni generar comparaciones innecesarias, sino observar su evolución con criterio, entender qué es esperable a cada edad y detectar, si surgiera, cuándo podría ser útil consultar con un profesional. A lo largo de este artículo encontrarás los hitos más característicos del primer año, explicados de forma sencilla y acompañados de aspectos importantes que deben tenerse en cuenta a la hora de interpretarlos.
Cada bebé es único y su desarrollo también; estos hitos son simplemente una guía orientativa para acompañarle mejor en sus primeros descubrimientos. Si lo deseas, al final podrás leer también señales generales que justifican una consulta y factores que influyen en la consecución de cada logro.

¿Qué son los hitos del desarrollo y por qué es importante conocerlos?
Los hitos del desarrollo son habilidades que la mayoría de los bebés adquiere dentro de un rango de edad aproximado. Conocerlos ayuda a orientarnos sobre cómo va madurando el niño, a observar su evolución con intención y a ofrecerle oportunidades adecuadas para seguir avanzando. No sirven para diagnosticar por sí mismos, ni deben usarse como una exigencia: son una guía orientativa, no una prueba que el bebé deba “aprobar”.
Los hitos evolutivos del bebé durante su primer año, una diferencia significativa
El primer año del niño se caracteriza por ir consiguiendo los siguientes hitos del desarrollo en arreglo a su edad.
| EDAD | HITOS |
| 1 mes | Percibe bultos, sombras y luces. Reacciona a luces y ruidos intensos. Cualquier sensación molesta le provoca llanto (mucho ojo ante esto porque un niño que no llora es sinónimo de que existe un problema, puede que grave). |
| 2 meses | Boca abajo levanta la cabeza unos segundos. Busca los ruidos. Fija la mirada. Te busca si te mueves despacio y estás lo suficientemente cerca. Emite sus primeros sonidos. Inicia la sonrisa social (por la presencia de una persona). |
| 3 meses | Boca abajo ahora mantiene la cabeza levantada y apoya los antebrazos. Puede sostener la cabeza cuando lo sientas. Mueve sonajeros si están en su mano. Se fascina con sus manos. Lo verás mirándolas mucho rato (muchísimo), separando los deditos como si tuviese espasmos o haciendo alguna esterotipia (movimiento repetitivo sin sentido aparente). Puede que lleve las manos a la boca, por placer. Sigue los objetos con la vista. Realiza sonidos guturales. Intentará cogerte el pelo. |
| 4 meses | Boca abajo realiza movimientos natatorios. Juega con ambas manos. Puede llevarse juguetes a la boca (si son adecuados a la edad, redondeados y ligeros). Ríe y grita de alegría. Grita si se siente solo para llamarte. Produce soplidos sonoros. Se gira al escuchar la voz de los padres. |
| 5 meses | Si está boca abajo puede darse la vuelta. Boca arriba le tiras de los brazos y hace el intento de sentarse. Puede quedarse de pie unos segundos si lo sostienes. Echa mano a los juguetes. Puede mantener la fijación en movimientos. Percibe sonidos suaves y podría reconocer algunos. Diferencia más tonos de voz. Comienza a imitar gestos de la cara. Es el momento ideal para pasárselo pipa sacando la lengua, abriendo mucho la boca o sacudiendo la cabeza de lado a lado. De este modo, también aprende. Juega con sus pies. |
| 6 meses | Boca abajo puede levantarse apoyando los brazos en el suelo. Se gira si oye un ruido. Sabe reconocer a las personas de su entorno. Distingue los colores. Percibe la profundidad. Comenzará a mantenerse sentado sin ayuda. Pasa objetos de una mano a la otra. Puede que aparezcan los primeros dientes (palatales). |
| 7 meses | Boca arriba se gira hasta quedar boca abajo. Iniciará el gateo. Busca los objetos cuando se les caen. Pone atención en los juguetes que le gustan. Canturrea a diferentes intensidades. Podrá repetir sílabas sencillas. Conseguirá sentarse solo en alguna ocasión. |
| 8 meses | Se sienta solo. Observa la actividad de los demás. Casi siempre estará intentando desplazarse. Llora cuando los papás desaparecen (cree que no volveréis). |
| 9 meses | Se tiene de pie cogido de las manos. Presenta interés por los sonidos suaves. Emite palabras bisílabas (aunque no conoce su significado). Reconoce «¿Dónde está mamá?» y te busca con la mirada. Te pide que lo cojas estirando los brazos y abriendo y cerrando las manitas. Puede dar palmitas. Puede decir adiós con la mano. |
| 10 meses | Se pone de pie sólo si tiene un apoyo. Coordina las manos. Imita muchos más gestos. Señala lo que quiere. Entiende palabras sencillas («aquí» y «no» especialmente, pero también «más» o «sí»).. |
| 11 meses | Va hacia delante si lo sostienes de las manos. Es muy posesivo, enfadándose si le coges algo «suyo». Come con las manos. Reconoce su nombre y reacciona si lo llamas. Puede que dé besos o abrazos. Puede que empiece a decir «mamá» y «papá». |
| 12 meses | Da algunos pasos cogido de la mano o puede que incluso ande (se cansa rápido, eso sí). Entiende algunas frases cortas y muchas palabras. Detecta la intencionalidad en el tono de voz (reprimenda, cariño, pregunta, petición…). Repite acciones como abrir y cerrar o tirar y coger. ¡Parece un buen momento para poner seguros a los cajones! |
Estos hitos forman parte de las características evolutivas del niño en relación a su sistema nervioso motor.
Antes de comparar, respira: Aspectos imprescindibles a tener en cuenta al valorar los hitos evolutivos del bebé durante su primer año de vida
Como SIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEMPRE repetimos todos los profesionales que trabajamos con infantes, los hitos del desarrollo del bebé son orientativos. Indican lo que la mayoría de los niños suele hacer a una determinada edad, pero no funcionan como un “examen” que todos deban aprobar al mismo tiempo. Se basan en la edad media a la que los niños los alcanzan y, en ningún caso, servirán de diagnóstico de cuadros como retrasos madurativos, etc.
El desarrollo global del niño
Es posible que no alcance los hitos cuando toca porque todos, por el motivo que sea, los alcanza más tarde. Lo hace de manera general; no es que en todo vaya «perfecto» y en una única cosa se retrase meses y meses.
En casos de buena tendencia, la consecución de los hitos en un rango de edad no se tiene en cuenta en absoluto; lo que importa es que el desarrollo se vaya dando de manera gradual, sana.
Si el es prematuro, bebé CIR o presenta otras particularidades ya diagnosticadas
No podemos pedir el mismo ritmo a un bebé sano a término que a un bebé prematuro o con antecedentes de crecimiento intrauterino restringido, especialmente si no se le ha estimulado. Su línea de desarrollo es distinta y debe valorarse como tal.
La estimulación y las oportunidades
No puedes pretender, tampoco, que un bebé que está siempre en la hamaca, que no hace tummy time, al que no se le coge, al que no se le masajea, al que no se le mueven sus extremidades, se voltee, gatee o se levante al mismo tiempo que uno que sí ha disfrutado de toda esa estimulación tan valiosa.

Lo mismo ocurre si no dispone de un espacio adecuado para el movimiento. Muchos muebles, alfombras o suelos irregulares, objetos difíciles de coger… Todo ello dificulta que tu hijo experimente, practique y mejore sus habilidades.
Ídem en los procesos comunicativos. Reducida presencia de personas o de poca conversación, interacciones mínimas y monótonas hacen que el bebé no se interese, que no pueda imitar, etc.
La capacidad de comprensión y comunicación
Si los niños entienden, miran, señalan, responden y participan, generalmente se tiene paciencia en la consecución de hitos «atrasados» (trabajando sobre ellos, claro).
Durante los primeros años, se busca saber, sobre todo, si los nenes padecen de cuadros neurodegenerativos. Si entiende y trata de comunicarse, sea como sea, lo habitual es que no sea el caso. Así, mientras no se den retrasos demasiado evidentes, simplemente se respeta el ritmo del niño, motivándolo mucho y ofreciendo estimulación adecuada.
El temperamento
No todos los bebés tienen la misma iniciativa motora. Los hay más tranquilos, observadores y cautelosos que necesitan más tiempo para atreverse a explorar o levantarse.
Por supuesto, en estos casos es aún más necesaria una estimulación personalizada, capaz de resultar interesante para ellos y, a la vez, adaptarse a un nivel de actividad sosegado pero manteniendo la efectividad.
Salud interecurrente
Otitis, bronquiolitis, cólicos, reflujo o falta de sueño pueden frenar temporalmente el desarrollo motor o social sin significar un problema.
En pocas semanas el peque volverá a la normalidad y, en otras pocas, alcanzará su tendencia en la consecución de logros.
Un niño de dos meses con tortícolis sin tratar no va a estar a los dos meses levantando la cabeza porque, sencillamente, no lo ha trabajado.

Si un bebé ha sufrido otitis y ha pasado dos semanas de su corta vida con dolor, llorando sin consuelo, medicándose, con estrés, durmiendo mal (y todo lo que supone tener una infección fuerte), no va a poder jugar tanto, no podrá concentrarse, costándole más aprender, y, por supuesto, no le apetecerá utilizar su poca energía, en algo que no sea descansar y recuperarse.
Antecedentes familiares
Caminar, hablar o desarrollar ciertas habilidades más tarde puede ser normal si es la tendencia en la familia. Por supuesto, habría que descartar cuadros clínicos que pudiesen causar esa imposibilidad de alcanzar los hitos.
No significa que pase nada malo y la única manera de evitarlo o enmendarlo es con mucha estimulación. Y, de hecho, en muchas ocasiones, ni siquiera funciona. Tenemos que «resignarnos»; el niño es así, es genética, es lo que le hemos dado, exactamente igual que el enorme montón de cosas estupendas que también ha heredado de su hermosa familia y que seguro que te encantan.
Contexto emocional
Cambios en la rutina, mudanzas, separación de figuras de referencia o estrés ambiental suelen ralentizar algunos hitos, especialmente los sociales o comunicativos.
No olvidemos que estas situaciones, además, suelen ir de la mano de menos oportunidades para trabajar estos y otros aspectos (tenemos menos tiempo, los adultos nos encontramos mal emocionalmente, etc), con lo que la estimulación también disminuye.
Señales generales que justifican consultar con un profesional
Sin necesidad de alarmarse, sí conviene pedir una valoración cuando el bebé muestra de forma persistente alguno de los siguientes patrones, independientemente del hito concreto:
- Pérdida o regresión de habilidades. Desaparece cualquier skill que ya había adquirido. Por ejemplo, mi hijo Jeris dejó de nombrar las cosas por su nombre (galleta, patata) para pasar a pedirlas diciendo «este».
- Escasa iniciativa motora o social. Incluso en contextos estimulantes y tras varios intentos de acompañamiento.
- Falta de respuesta. No responde (o lo hace incorrectamente) a estímulos visuales, auditivos o interactivos que suelen llamar la atención de la mayoría de los bebés.
- Asimetrías corporales marcadas. Puede darse una postura siempre hacia un mismo lado o tener un uso preferente y constante de una sola mano o pierna.
- Dificultad para regular el estado emocional. Sufre de llanto inconsolable frecuente o, por el contrario, de excesiva pasividad o poca reactividad.
- Poca evolución a lo largo de semanas. Pese a disponer de oportunidades adecuadas de movimiento, interacción y juego, el niño no avanza. Ten en cuenta que, en niños tan pequeñitos, casi todos los días se ven mejoras; que pasen las semanas y no veas nada nuevo es muy poco habitual.
- Preocupación mantenida de la familia. Si tenéis la sensación de que “algo no avanza como debería”, especialmente si coincide con antecedentes de prematuridad, CIR u otros factores clínicos, posiblemente tengáis razón. Es cierto que los adultos involucrados, especialmente los padres, nos preocupamos y alarmamos más y antes, pero ñas preocupaciones venidas del sentido común deben tenerse en cuenta.
Estas señales no suponen automáticamente la existencia de un trastorno; solo indican que puede ser útil obtener una valoración profesional que aclare dudas y, si procede, oriente la intervención.
Cada bebé tiene su ritmo: acompáñalo desde el respeto, la observación y la confianza y lo verás crecer a tu lado, feliz y dispuesto a todo
