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En el Día de los Santos Inocentes, una madre de Alicante comparte su mirada sobre la crianza: entre la risa y la reflexión, visibiliza cómo crecer junto a sus hijos implica educar cada día con empatía, límites, acompañamiento emocional y sentido del humor.
El humor como parte de la crianza
Cada 28 de diciembre, el Día de los Santos Inocentes invita a bromas y humor. En ese contexto, una madre de Alicante reflexiona sobre cómo educar no es solo enseñar normas, sino también construir vínculos sanos a través de la risa, la comunicación y la empatía. Su mirada parte de anécdotas cotidianas -cambios de humor, decisiones inesperadas o sentimientos encontrados- para hablar de los grandes temas de la crianza.
Para esta madre, el humor no es frivolidad: es una herramienta que facilita la conexión con sus hijos y que favorece la confianza emocional, un ingrediente esencial cuando se trata de que los niños aprendan a expresarse, a gestionar frustraciones y a comprender sus propios límites.
Aprender a través de las pequeñas situaciones
En su relato se repite una idea: la educación ocurre en momentos ordinarios, no solo en grandes enseñanzas. Una discusión por recoger juguetes, una mirada de orgullo ante un logro pequeño o una broma familiar son oportunidades para enseñar:
- Responsabilidad, cuando se transforman tareas en momentos de cooperación.
- Autonomía, cuando los niños pueden elegir dentro de límites seguros.
- Empatía, enseñando a considerar cómo se sienten otros antes de actuar.
Esta mirada se apoya en teorías de desarrollo infantil que señalan que las interacciones rutinarias con adultos significativos son clave para consolidar habilidades socioemocionales, regulación emocional y confianza para enfrentar retos futuros.
El equilibrio entre cariño y límites
Uno de los puntos que más destaca la madre es la importancia de establecer límites claros con cariño y coherencia. No se trata de ser estrictos o permisivos de forma absoluta, sino de:
- Comunicar expectativas de manera comprensible según la edad del niño.
- Explicar el porqué de las normas para que no sean arbitrarias.
- Mantener la calma y la firmeza, incluso cuando la frustración aparece.
Los niños, en sus palabras, crecen mejor cuando sienten que sus emociones y opiniones son respetadas y cuando el adulto es un guía que acompaña, sin dominar, ni dejar solos ante la frustración.
¿Cómo favorece esto su desarrollo?
Las prácticas cotidianas que combinan apoyo emocional y límites coherentes tienen efectos directos en:
- La autoestima infantil, porque los niños se sienten escuchados y competentes.
- La regulación emocional, al aprender que los sentimientos pueden tolerarse y gestionarse.
- El pensamiento crítico y la autonomía, al tener espacio para decidir dentro de un marco seguro.
Especialistas en psicología evolutiva coinciden en que no solo importa lo que se enseña, sino cómo se enseña: un entorno afectivo y estructurado favorece un desarrollo más equilibrado que uno basado únicamente en normas rígidas o premios y castigos extremos.
Reflexión familiar: aprender juntos
La mirada de esta madre también recuerda que la crianza es un camino de aprendizaje compartido. Así como los hijos aprenden de sus padres, los adultos también descubren nuevas formas de entender el mundo a través de sus hijos. El humor, en ese sentido, no es una distracción sino una forma de abrir diálogos, suavizar tensiones y fortalecer lazos, especialmente cuando la vida familiar tiene momentos de presión y estrés.
Consejos prácticos para aplicar hoy
Tomando la reflexión de esta madre y criterios educativos validados, te compartimos algunas sugerencias para acompañar a tus hijos en su día a día:
- Reserva tiempo con atención plena cada día, aunque sean pequeños momentos de juego o conversación.
- Elogia esfuerzos más que resultados, para reforzar la motivación intrínseca.
- Usa el humor para desactivar tensiones, siempre con respeto y atención a cómo se siente el niño.
- Establece rutinas claras y coherentes para favorecer seguridad y previsibilidad.
- Conversa abiertamente sobre emociones, nombrándolas y normalizándolas sin juicios.
