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👉 Fuente: Australian Institute of Health and Welfare
Un estudio reciente realizado en Australia ha detectado un aumento preocupante de comportamientos problemáticos relacionados con el uso de videojuegos en niños de entre 10 y 14 años, un fenómeno que empieza a considerarse un reto de salud pública y educativa.
La investigación señala que un porcentaje significativo de menores presenta síntomas compatibles con el denominado “gaming disorder”, como dificultad para controlar el tiempo de juego, abandono de otras actividades importantes, irritabilidad cuando no pueden jugar y deterioro del rendimiento escolar o de las relaciones familiares.
Cuando el juego deja de ser solo ocio
Los especialistas advierten de que el problema no reside únicamente en el tiempo frente a la pantalla, sino en la forma en que el videojuego pasa a ocupar un lugar central en la vida del menor. En los casos más graves, los niños priorizan el juego frente al descanso, el estudio o el contacto social, lo que puede afectar a su desarrollo emocional y cognitivo.
El estudio subraya que los videojuegos online, con sistemas de recompensas constantes y dinámicas sociales permanentes, incrementan el riesgo de uso compulsivo, especialmente en edades en las que el autocontrol aún está en desarrollo.
Impacto en el bienestar y el aprendizaje
Los datos recogidos indican que los menores con un uso problemático de videojuegos presentan mayores niveles de ansiedad, problemas de sueño y dificultades de concentración. Estas consecuencias repercuten directamente en el aprendizaje, con un aumento del absentismo, menor rendimiento académico y dificultades para mantener la atención en el aula.
Profesores y orientadores educativos consultados en el estudio destacan que cada vez es más habitual detectar alumnos cansados, desmotivados o desconectados emocionalmente, con hábitos de sueño alterados por sesiones prolongadas de juego nocturno.
El papel de las familias y la escuela
La investigación remarca que la prevención y la intervención temprana son clave, y sitúa a familias y centros educativos como actores fundamentales. Las estrategias más eficaces combinan normas claras en casa, acompañamiento adulto en el uso de videojuegos y educación digital que ayude a los niños a desarrollar un uso consciente y equilibrado de la tecnología.
En respuesta a estos datos, varias regiones australianas están impulsando programas de apoyo familiar, talleres de alfabetización digital y protocolos escolares para detectar señales tempranas de uso problemático.
Hacia una educación digital más consciente
Los expertos coinciden en que prohibir no es suficiente. El reto pasa por enseñar a los niños a autorregularse, entender cómo funcionan los videojuegos y aprender a alternarlos con otras actividades esenciales para su desarrollo, como el deporte, el juego libre, la lectura o el descanso.
El estudio concluye que abordar el problema desde una perspectiva educativa, y no solo sanitaria, es fundamental para proteger el bienestar infantil en un entorno digital cada vez más presente.
Recursos complementarios
- Gaming disorder, Organización Mundial de la Salud.
- Cuando el juego deja de ser juego: una revisión sistemática sobre la adicción a los videojuegos en adolescentes, Revista Tribunal.
- Programas de prevención escolar del uso problemático de Internet, juego problemático y adicción a videojuegos en España: una revisión sistemática, Adicciones.
- Adicción a Internet, videojuegos y teléfonos móviles en niños y adolescentes: Un estudio de casos y controles, Adicciones.
