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👉 Fuente: El País
En Chile, un programa piloto de voluntariado está transformando la vida de recién nacidos que permanecen solos en hospitales tras nacer sin cuidados parentales: al brindarles contacto diario, cariño y presencia constante, se fomenta su desarrollo emocional y físico en una etapa clave de la vida.
Qué está pasando y quiénes son estos bebés
En varias unidades de hospitales públicos en Santiago, bebés que no enfermos pero no tienen padres o cuidadores disponibles siguen hospitalizados semanas o incluso meses después de nacer. Esto ocurre cuando un recién nacido ha sido abandonado, entregado para su adopción o cuando sus padres no pueden hacerse cargo en ese momento.
El problema no es menor: en Chile ha aumentado de forma preocupante el número de bebés y niños pequeños en sistemas alternativos de protección, debido a situaciones de abandono, negligencia u hogares saturados.
El programa piloto “Abrázame Más”
Para evitar la carencia afectiva crónica -una situación en la que un bebé recibe cuidados físicos pero no vinculación emocional estable- un grupo de voluntarias se ha sumado al programa Abrázame Más, una iniciativa de la fundación Abrázame.
Estas voluntarias (después de una cuidadosa selección y capacitación) visitan diariamente a los bebés -normalmente por al menos dos horas- para:
- Abrazarlos y sostenerlos.
- Hablarles, calmarlos y cantarles.
- Ofrecer contacto piel con piel.
- Reforzar el sentido de seguridad y reconocimiento.
La finalidad es crear vínculos afectivos estables que mitiguen la falta de una presencia constante de un adulto familiar.
Según profesionales, este tipo de contacto con los bebés influye directamente en su desarrollo neurológico y emocional en los primeros meses de vida, cuando el cerebro está formando conexiones clave y se establece lo que algunos expertos llaman los lazos primitivos necesarios para la salud afectiva futura.
Por qué el afecto en los primeros meses importa
Los primeros meses y años de vida constituyen una etapa fundamental para el desarrollo integral de los niños. El contacto cercano con cuidadores no solo satisface necesidades físicas básicas como alimentación o higiene, sino que también es un estímulo esencial para:
- El desarrollo cerebral. Porque los circuitos neuronales se ajustan según experiencias emocionales y sociales.
- La regulación emocional. Ayudando a los bebés a gestionar estrés y a sentirse “contenidos” psicológicamente.
- La seguridad relacional. Que sirve como base para futuras relaciones afectivas y sociales.
La falta de estímulos afectivos constantes -lo que se ha llamado privación afectiva– está asociada con un deterioro en el desarrollo emocional y cognitivo más adelante en la vida.
Cómo florecen los niños con cariño
Las voluntarias relatan transformaciones notables. Bebés que al principio estaban irritables o aislados empiezan a responder con más calma, contacto visual, sueño más regular y una interacción más activa con su entorno.
Este tipo de cambio en la conducta y en el bienestar no solo es tranquilizador en el corto plazo, sino que también puede marcar diferencias profundas en su trayectoria vital, especialmente si más adelante entran en procesos de acogida familiar o adopción.
Retos y limitaciones del programa
El programa está aún en fase piloto y enfrenta limitaciones de recursos, como la falta de profesionales de apoyo para acompañar a los voluntarios a largo plazo y expandir la iniciativa a más centros hospitalarios.
La fundación recuerda que una intervención temprana puede cambiar el rumbo de la vida de estos niños, pero también llama a un mayor respaldo institucional y social para consolidar programas que incorporen afecto como parte esencial del cuidado de la primera infancia.
