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👉 Fuente: El País
Un estudio revela que la contaminación del tráfico no solo afecta al exterior de los colegios: también se cuela en el interior de las aulas, exponiendo a los niños a niveles preocupantes de dióxido de nitrógeno.
Una exposición invisible dentro del aula
Los escolares en España no solo están expuestos a la contaminación en la calle o en el patio. Por primera vez, mediciones realizadas dentro de las aulas confirman que el dióxido de nitrógeno (NO₂) también está presente en el interior de los centros educativos.
El estudio, impulsado por Ecologistas en Acción, ha analizado 412 entornos escolares en 66 municipios y ha incluido mediciones en 34 aulas. Los resultados son claros: la contaminación penetra en los espacios donde los niños pasan gran parte de su día.
Datos que preocupan: casi todos los centros superan lo recomendado
Los niveles detectados reflejan un problema generalizado.
El informe señala que:
- El 96% de los entornos escolares supera los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (10 µg/m³).
- 249 de esos entornos también superan el futuro límite europeo previsto para 2030 (20 µg/m³).
Aunque muchos centros cumplen aún con el límite legal actual (40 µg/m³), los expertos advierten que estos valores siguen siendo perjudiciales, especialmente para la infancia.
Por qué afecta más a los niños
Desde la perspectiva de la salud infantil, la exposición a contaminantes como el NO₂ tiene un impacto mayor que en adultos.
Esto se debe a varios factores:
- Los pulmones aún están en desarrollo.
- Respiran más aire por kilo de peso.
- Pasan muchas horas en el entorno escolar.
La evidencia científica relaciona esta exposición con:
- Mayor riesgo de asma y enfermedades respiratorias.
- Problemas en el desarrollo pulmonar.
- Posibles efectos en el rendimiento cognitivo y la atención.
El origen del problema: tráfico y entorno urbano
El principal responsable de estos niveles de contaminación es el tráfico rodado.
Muchos centros educativos están situados en zonas con alta circulación de vehículos, lo que favorece que los contaminantes entren en los edificios a través de puertas, ventanas y sistemas de ventilación.
Además, el estudio señala que muchas ciudades aún no han implementado plenamente las zonas de bajas emisiones obligatorias desde 2023, lo que limita la reducción real de la contaminación en entornos escolares.
Más allá del aire: impacto en aprendizaje y bienestar
La calidad del aire no es solo una cuestión ambiental, sino también educativa.
Diversos estudios han mostrado que la contaminación puede influir en la concentración en el aula, el rendimiento académico y el bienestar emocional.
Esto convierte la calidad del aire en un factor clave dentro del desarrollo infantil, no solo en términos de salud física.
Qué se puede hacer: medidas concretas
El informe plantea soluciones que pueden aplicarse desde la planificación urbana y educativa. Estas pasan por:
- Reducir el tráfico en entornos escolares.
- Crear caminos escolares seguros para ir andando o en bici.
- Limitar la velocidad en zonas cercanas a colegios.
- Aumentar las zonas verdes alrededor de los centros.
Son medidas que no solo mejoran la calidad del aire, sino también la autonomía infantil y la seguridad.
Un problema estructural que entra en la escuela
La principal conclusión es clara: la contaminación ya no es solo un problema del exterior. Está dentro de las aulas y forma parte del entorno cotidiano de los niños.
Esto obliga a replantear cómo se diseñan los espacios educativos y qué papel juega la salud ambiental en la educación.
Recursos complementarios
- Calidad del aire 2025-2026, Ecologistas en Acción.
- WHO global air quality guidelines: particulate matter (PM2.5 and PM10), ozone, nitrogen dioxide, sulfur dioxide and carbon monoxido, Organización Mundial de la Salud.
